El otro día oí una reflexión de un tertuliano en la radio que me dio qué pensar.
Estamos en una globalización absoluta donde a través de internet se te abre un campo infinito de posibilidades. Entre ellas las de comprar y vender cualquier cosa, en cualquier momento y en cualquier sitio del mundo.
Las grandes macro-plataformas de distribución y venta que todos conocemos, te lo llevan a casa en pocos días a unos precios bastante interesantes. Supercómodo.
Siempre he insistido en la importancia vital que para el medio rural, y para evitar la despoblación, tenía que la cobertura de internet de nuestros pequeños pueblos fuera suficiente.
Este tipo de compra parece una solución apropiada y beneficiosa para incentivar vivir en un pueblo. Te lo llevan a casa y lo pagas con tarjeta. Sin problemas.
Pero no hay nada bueno sin parte buena. Ninguna buena acción queda sin castigo.
Imaginemos que todos compramos por internet. Nos lo traen a casa independientemente de donde vivamos y no tenemos que desplazarnos a grandes núcleos de población para adquirir la mayoría de los productos. Genial, ¿no?
Pero, entonces, ¿para qué sirven las tiendas, los colmados, el pequeño comercio que hace barrio y pueblo con un trato personal pero más caro? ¿Solo para compras puntuales? ¿Puedes subsistir así?. Evidentemente no. Y cerraran.
Ese coste mayor de comprar en la tienda del pueblo. Ese problema de no tener todo a mano. Ese ahorro que resolvemos comprando a en esas grandes empresas puede volverse en nuestra contra puesto que deshumanizará y hará aún más difícil la vida cotidiana en nuestro pueblos, barrios…
¿Nos quedaremos en casa enfrente de un ordenador para vivir? Coste mínimo. Vida mínima. Deshumanización. Despoblación segura.
¿Qué opinan ustedes?
 
 
 

El precio de lo barato
Autor:
Jorge García
 
(Todos los derechos reservados)