No es más rico quien más tiene sino quien menos necesita.
Es la típica frase de sentido común que nos alerta que la felicidad no está en la cantidad de cosas materiales que tenemos sino en lo que disfrutamos de ellas o de nosotros mismos.
Por otro lado, un jefe que tuve, bastante inteligente para ser jefe por cierto, me decía que el dinero no da la felicidad pero ayuda mogollón a olvidarte que no eres feliz. No es lo mismo quejarse de tus miserias en una playa del Caribe bebiendo un margarita, que hacer lo mismo pero picando en una mina.
Las cosas son siempre como las quieras mirar, pero es cierto que al final el dinero, la estabilidad económica, te da seguridad, no felicidad y has de ser tu mismo quien busque con más o con menos acierto (no es tan fácil saber qué nos hace felices en realidad) eso que te haga sentir bien al final del día y que te ilusione al levantarte.
El dinero ha de ser un medio, nunca un fin. Es cierto que en esta sociedad en la que vivimos, en muchos casos se nos valora y, lo peor, nos valoramos a nosotros mismos, en función de lo que tenemos contante y sonante. A fin de cuentas, tenemos el vicio de compararnos con otros para saber cómo estamos nosotros mismo y el dinero se puede contar y es fácilmente comparable. La felicidad no.
¿Cuánto vale la Salud? ¿Cuánto vale que te quiera la persona que quieres? ¿Cuánto vale tener ganas de sonreir y hacerlo?
Pues quien no tiene ninguna de esas cosas, aunque esté forrado de dinero, te dirá que daría todo por tener alguna.
El dinero solo sobra cuando se tiene, pero desde luego no es precisamente lo que te hace “rico”.
 
 

No es más rico...
Autor:
Jorge García
 
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