La idea me la ha dado un anuncio de televisión. Me ha hecho reflexionar. ¿Qué pasaría si pudieras reunirte con tu “yo” de la niñez y con tu “yo” futuro” de la vejez? ¿Qué cuentas les presentarías?
Cuando eres niño tienes ciertas expectativas, (me voy a centrar en lo económico que no deja de estar vinculadísimo a lo vital), que se pueden cumplir o no. Somos como hojas que lleva el viento pero menos… porque de nosotros, en buena parte, depende lo que consigamos: ambición, estudios, valentía o miedo frente a opciones y oportunidades, devenires de la vida… mil circunstancias que nos llevan hasta donde estamos hoy…
Sobre el pasado nada se puede hacer salvo disculparse e intentar mejorar en el futuro… Así que con el “yo” del pasado solo queda disculparse si no has cumplido las expectativas y espabilar para que nuestro “yo” del futuro no nos eche en cara nada.
Y aquí es donde quiero llegar. ¿Qué estamos haciendo para que nuestro “yo” futuro, ese jubilado, pueda tener la mejor vida posible? ¿Nos lo hemos planteado alguna vez?
Hay tantas situaciones como personas y cada uno tendrá sus circunstancias e imponderables pero, no está mal que pensemos un poco más allá dentro de lo posible. ¿Tendremos pensión? ¿Tendremos vivienda? ¿Tendremos residencia? ¿Qué recursos reservo para todo ello? ¿Nos da nuestra situación actual para ahorrar en previsión de ese futuro?
Si ustedes en este breve tiempo que ha dedicado a leer mi artículo (y no saben lo honrado que me siento de que me regalen ese momento de su vida) han pensado en ello, probablemente, sientan un desasosiego y una inquietud que le está invadiendo y fastidiándoles el día.
Ya siento ser así de perverso y abrirles los ojos para prevenirles que la bronca que les eche su “yo” del futuro aún se puede evitar… o no…
 
 
 

Cuentas
Autor:
Jorge García
 
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