Hace unos años, cuando la crisis estaba aún lejos y en este país se ataban los perros con longanizas y los politicastros de turno (diferenciar politicastro de político honrado que me consta que los hay) practicaban la corrupción con denuedo, yo trabajaba en una empresa que, subida a la ola del crecimiento económico del momento, crecía como la espuma.
Muchas horas, mucho trabajo y, por suerte, buen sueldo. Vivía bien. Podía permitirme caprichos dentro de un orden y no miraba en exceso lo que costaban las cosas básicas. A cambio: estrés, presión, salud que se resiente, tensión acumulada que saltaba en los momentos y con las personas menos oportunas.
Aquello probablemente me costó un divorcio y, con el tiempo….cuando los “brotes verdes” de Zapatero, ni eran brotes ni verdes y la CRISIS nos dio el tortazo a todos del que no nos hemos recuperado, pese a todos mis años de entrega y esfuerzo, me fui al paro como tantos y tantos otros millones (porque fueron millones) de españoles.
Se te viene el mundo encima. Pasaba de los cuarenta. La cosa pintaba negra negra.
Sin entrar en pormenores, uno va intentando buscar trabajo. Formarse. Reciclarse. No pensar demasiado a largo plazo e ir ilusionándose con lo que viene día a día aunque muchos días no viniera absolutamente nada.
Tuve suerte… Solo estuve en esa situación un año.
Encontré trabajo. Parecido a lo que hacía antes pero en una empresa mucho más pequeña y llevada con muchísimo más sentido común por los jefes que la anterior. También el sueldo era menor, menos de la mitad…
Y, ¿saben? Empecé a trabajar y, poco a poco, me hice con la rutina de la nueva empresa, y empecé a sentirme bien, a volver a ser yo mismo…. Y, lo más importante, a vivir mejor aunque fuera con menos.
 
 
 

Vivir mejor con menos
Autor:
Jorge García
 
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