El amo de la piscina. Uniforme blanquirrojo hecho ley suprema del recinto. Poseedor del único trono carente de ornamento: silla blanca de plástico malo y sombrilla anti protección rayos UVA. Cuerpo cachas enfundado en camiseta de algodón que no transpira y pantalón sin desteñir un ápice a pesar de horas y horas de sol. SOS por delante y por detrás.
Rictus inmutable ante fechorías y gracietas infantiles;  con solo una mirada quedan fulminados. Se impone el máximo respeto ante carreras prohibidas, caballitos acuáticos y demás acrobacias que puedan conllevar labios partidos, dientes rotos y puntos de sutura en la testa, todo ello bajo amenaza de expulsión.
Aparecen en escena los que intentan campar a sus anchas, esos entes mega hormonados que mantienen el cruce de miradas modo pelea de gallos. A ver quién puede más. Se sientan en riguroso orden de hombría justo en el bordillo de enfrente para no perder ripio de los movimientos del que manda. Quieren ser como él.
Jovencitas lozanas y hermosas que lo ven como el prototipo de héroe al más puro estilo Chis Hemsworth y que revolotean a su alrededor buscando aprobación ante  saltos de cabeza y posturas ensayadas antemano.
Señoras ruborizadas cuando acuden a por la pomada para el niño inquieto que ha sido atacado por una docena de avispas. Qué suerte la suya (la de la señora, digo). Mamás y papás que ponen a prueba la capacidad parabólica del susodicho mientras se plantan en la toalla y sólo se mueven para un vuelta y vuelta o se interesan desde la barra del bar.
Os cuido, os vigilo. Controlo vuestros movimientos  tras mis gafas de sol a prueba de envidias, suspicacias y desagrados. Vivo el verano rodeado de lo que la mayoría queréis tener: agua, sol, jolgorio y cuerpazos en biquini y bañador que quitan el sentido.
 
 
 
Los Imprescindibles del Verano
III. El socorrista
Autora:
Arancha García
 
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