Hastío, irritación, pérdida de la fe en los valores del ser humano, desesperanza, asombro, indignación… y podría seguir enumerando sustantivos que definen el estado de enfado que me desborda.
Concretando, dirijo mi foco acusador al juicio paralelo que se está llevando a cabo las últimas semanas. Ése en el que se opina sobre la veracidad del testimonio de una mujer que acusa de violación a cinco “señores”, conocidos como “la manada”.
He intentado leer poco sobre el tema (básicamente porque me repele hacer frente a según qué detalles), pero he podido comparar diferentes opiniones vertidas.
Con la información que obra en mi poder, voy a permitirme el lujo tan de moda de dictar sentencia, visto que cualquiera puede hacerlo; visto lo visto.
Una vez analizada toda la información aportada, resuelvo que se ha creado una terrible dicotomía  entre la opinión, en la que una parte piensa que el delito juzgado no fue tal, sino que se trató de una relación consentida, sin tener en cuenta en ningún momento la humillación a la que fue sometida la (supuesta) víctima, la repugnancia de las imágenes grabadas y el hecho de que la joven no pudiera defenderse.
Resulta de este análisis una nebulosa de duda irrazonable en la que se afirma que la (supuesta) víctima se inventó un trastorno de estrés post-traumático. No se toman en cuenta las alteraciones psíquicas a raíz del suceso, la pérdida de dignidad ni su incapacidad para pensar y reaccionar.
Considero, por tanto, que la (supuesta) víctima pudo haber colaborado en determinados actos sexuales. Considero, asimismo, irrelevante que fuese agarrada, incluso por el cuello, e inmovilizada.
Por todo ello, permito que el pueblo soberano pronuncie sentencia, ya que parece ser la única posible. Hago, sin embargo, una apreciación, por si a alguien se le olvida : ella no quería.
Visto para sentencia
Autora:
Arancha García
 
(Todos los derechos reservados)