Echar mano de los tópicos a la hora de afrontar el escaso interés por la cultura sería contar más de lo mismo pero, desafortunadamente, es así. Es fácil ( y cierto) argumentar que la gente se desata de forma masiva ante un partido de fútbol, que pasamos demasiado tiempo delante de la pantalla de un móvil o un ordenador cotilleando vidas y hazañas ajenas en facebook, regalando “likes” en instagram o dándole vueltas a un mismo comentario absurdo en twitter en lugar de leer un buen libro, acudir a una exposición o ir al cine. No debo caer en el error de criticar estas acciones, porque yo misma tomo parte en alguna de ellas. Lo que me indigna es que se considere lo más importante y , por ende, se coloque en el top de los tops vivir encorsetado únicamente en “aficiones” que nos hacen más populares, más cercanos, más modernos, menos raros.
Hay vida más allá de los deportes en voga, de competiciones entre grandes que son considerados ejemplos a seguir, que marcan tendencia. Hay vida más allá de las redes sociales donde no falta detalle del día a día, de las juergas, de las amistades de barra y de los mucho que todos nos queremos (en la foto). Hay vida más allá de las canciones que acabamos tarareando sin cesar porque nos las cuelan en el cerebro hasta rozar la locura. Hay vida más allá de las bromas pesadas y de los comentarios ácidos que obtienen miles de respuestas sin sentido.
Existimos personas anónimas que intentamos dar un pequeño giro de tuerca. Que dedicamos esfuerzo en aumentar el interés por la lectura y la escritura. Que nos decepcionamos cuando no vemos resultado. Que, muy a nuestro pesar, nos tenemos que conformar con la frase “cada uno se divierte como quiere”.
 
 
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Autora:
Arancha García
 
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