El estante en el que voy guardando los libros, principalmente novelas, que de un modo u otro tienen su origen en torno al rio que nos dio la vida se ha ido quedando pequeño. Maravillado ante títulos y autores, pensé, seguro que hay otros tantos por conocer y leer.
Fue entonces cuando andaba preocupado por hacer hueco para nuevos libros y aún así decidido a encontrar más, “siempre te quedara el pajar”, me dijo Jose Maria de Jaime, cuando a través de la red social Facebook, Google, o Amazon, lo único seguro que sé, es que no fue en la plaza del Peirón, como hubiese ocurrido años atrás, cuando alguien me habría comentado, “oye tienes que leer al jovenzano ese de Fuentes Claras” y yo rápidamente creyendo saberlo todo habría contestado, “claro, David W Sanchez Fabra ando terminando Extasía y me hare con la trilogía Yo conquistador”. “Pues creo que se llama Francisco” habría oído por respuesta. Y así en la red conocí al joven autor de Fuentes Claras, Francisco Perez Valero, residente en las islas afortunadas cuya desbordante vitalidad me sobrepasa, autor que nacio a las puertas del jaleo en 1934. Localizarlo y seguirlo en su cuenta de Facebook. No para. Médico julilado, estudio derecho, padre, abuelo, excelente dibujante, a ratos pintor, ilustra sus libros con unos preciosos dibujos, casi oníricos.
Gerumin es un entrañable retrato costumbrista, escrito como se habla, de un modo sencillo, cordial y ameno, a veces poético, sin rencor, sin ajustar cuentas con nadie ni con nada y que contiene muy probablemente los mejores párrafos que uno haya leído a propósito de la tan traída y llevada memoria histórica “sin política, todo va bien”.
Novela, autobiográfica que en su mayor parte se convierte en toda una experiencia vital, en un constante querer tirar para adelante, avanzar sin mirar atrás, sin detenerse en un triste presente que adivinaba en su día un futuro no menos triste. Un canto al trabajo de quienes le precedieron y a su esfuerzo callado por tratar de dejar un futuro mejor, padres y abuelos, de todos y cada uno de los habitantes de Fuentes Claras, auténticos protagonistas.
Dara buena cuenta Francisco de como era la vida en aquellos años de su niñez y juventud a orillas de su añorado Jiloca, oficios perdidos, mujeres, médico, practicante, cura, alcalde, costumbres olvidadas, fiestas, travesuras, hambre, emigración y el recuerdo imborrable del primer manjar que probo, la leche condesada, regalo de un moro del ejército de Franco, los viajes a un Teruel destruido previos a la muerte de su padre…Y los estudios en La Salle de Monreal
Didáctico cien por cien, requiere su lectura, pensar o recordar según la edad del lector, pues a los  mayores todo les sonara y les llevara, a los a pesar de todo felices años de la niñez y a los más jóvenes sin duda les costara creer que un día no muy lejano la vida fue así, un eterno mirar al cielo, con los huevos en este caso de gallina como única moneda de cambio. Cuando con un huevo frito cenaba toda una familia, comiendo más, quien mas trabajaba.
Lo dicho, un jovenzano de Fuentes Claras, donde reside el acento más bonito del Jiloca, muy a tener en cuenta, imprescindible.
(Otros libros del mismo autor son: El gilipollas nacional, Circulo Rojo 2017 Divertida obra, que conviene tener a mano para su obligada consulta diria. Gilipollas somos todos. Pensamientos realistas, Circulo Rojo 2017  Todo aquello que se le pasa por la cabeza a cualquier que haya nacido en Fuentes Claras y alrededores. Sinfonía de la poesía, Autoedicion 2019 Por momentos entrañable, contiene poemas en torno a la tierra que le vio nacer y a la Virgen de los Navarros.
 
 
 


Francisco Pérez Valero, autor de Fuentes Claras
Autor:
Jesús Lechón
 
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