Al final de la calle Grajera, en una explanada bajo las cárcavas del monte de San Cristóbal y a los pies del Castillo Mayor, junto a las viejas “Escalerillas” se encuentra la ermita de Nazaret, una excavación en el conglomerado de la montaña convertido en pequeña iglesia o ermita en la que hasta bien entrado el s.XX habitaba un ermitaño con su familia que se encargaban de mantenerla en perfectas condiciones para el culto que no ha dejado de celebrarse hasta la actualidad en determinadas fechas al año.
Se ignora la época exacta de su construcción, pero se sabe que en el año 1716 se llevó a cabo una importante restauración cuyo resultado fue el que ha llegado hasta nuestros días, conservando las pinturas de aquella época, fecha que puede verse en el muro detrás de la Virgen titular. Se trata de una construcción sencilla, de una sola nave de 10 metros de largo por 5 de ancho. Tiene tres retablos en sendos nichos con arco de medio punto excavados en la propia montaña. El principal, el Altar Mayor, del s.XVI, es casi cuadrado de 2 metros de anchura por 2,15 de alto y está dedicado a la Virgen, cuya imagen policromada de un metro de altura ocupa la hornacina central. Las demás partes del retablo son pintura sobre tabla con distintas escenas: el Nacimiento, la Epifanía y la Purificación de la Virgen en el banco y a los lados la Anunciación, el Nacimiento de la Virgen, la Visitación y la Asunción.
Un segundo retablo de la misma época en el lado derecho dedicado al Santo Cristo con una escultura de 1,35 m. de magnífica factura, y otro, en el lado izquierdo del s.XVIII dedicado a San Mamés, representado en su parte central con una talla anterior, recientemente restaurada y en el banco con una imagen yacente.  Interesante y muy curioso es su púlpito excavado en la roca incluida su escalera de acceso.
El exterior, sobre una pequeña escalinata, una sencilla fachada renacentista de ladrillo de color ocre. Consta de una  puerta con arco de medio punto rebajado y sobre ella una campana instalada en una ventana con arco de medio punto a modo de campanario. A ambos lados dos óculos de alabastro que permiten la entrada de la luz en el templo.
Son muchas las leyendas que se han escrito sobre este emblemático lugar de Daroca, algunas cuentan que fue aquí, en época romana, donde comenzó el cristianismo en Daroca, incluso que fue el propio San Torcuato o alguno de sus discípulos quienes desde este lugar, de manera clandestina, se dirigieron a esos primeros cristianos, por lo que se podría considerar a  Nazaret como el primer templo cristiano de Daroca. Otras, mucho más antiguas, más atrevidas y un tanto descabelladas, dicen que aquí se reunían los griegos habitantes de la calle Grajera para adorar a la diosa Diana.
De entre las diversas leyendas que existen sobre la ermita de Nazaret, posiblemente la de mayor arraigo es aquella que el padre Beltrán publicó en 1929 dentro de su libro sobre Historias y Leyendas de Daroca, en la que cuenta que una de las sacerdotisas del templo idólatra, llamada Corina, tuvo una revelación en la que se le advertía de la llegada de un predicador que supondría el final de los dioses paganos. Tiempo después se presentó ante la mujer un anciano llamado Torcuato que predicó el Evangelio y convirtió a todos al cristianismo. Muy poco después la Virgen María se presentó también ante Corina y le pidió que en esa cueva construyese una ermita dedicada a la Virgen de Nazaret.
 
 
La ermita de Nazaret, tradición y leyendas
Autor:
Pascual Sánchez
 
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