Como es bien sabido Daroca fue en otros tiempos un centro de peregrinación de gran importancia a nivel nacional gracias a los Corporales que en ella se custodian y proporcionó a la Ciudad auténticos aluviones de visitantes y peregrinos que querían ver el Santísimo Misterio.
La iglesia de Santa María se quedó pronto pequeña para albergar a esas multitudes, especialmente en los días del Corpus Christi y Santo Tomás de Aquino, por lo que se decidió construir una torreta en una explanada extramuros en la que mostrar los Corporales en esos días señalados.
La fama del Milagro se extendió por España gracias a la difusión de Fr. Luis de Granada y de Francisco Clemente con sus relatos de los hechos, teniendo su mayor auge en los siglos XV y XVI.
En 1471 Fr. Lucas Gálvez escribió una Historia de los Corporales, y a partir de ahí proliferaron las narraciones sobre el Milagro, siendo la más célebre de  ellas la escrita en 1539 por Gaspar Miguel de la Cueva con una primera edición de 3.000 ejemplares.
En la ya emblemática Torreta han predicado grandes hombres de iglesia; posiblemente el más famoso de todos ellos fue San Vicente Ferrer, que lo hizo en 1414. La gente acudía el día del Corpus en torno a ella esperando que se obrase algún milagro, pues era fama de que ocurrían todos los años.
Sin embargo, también hubo darocenses que marcharon a otros lugares en busca de prodigios. Cuenta la tradición que un matrimonio de Daroca  fue motivo de un milagro en tierras oscenses en el s.XIII. Los darocenses viajaron hasta la ermita de la Virgen de Salas y de la Huerta, en Huesca, para pedir que la mujer quedase embarazada, pues al parecer en este lugar ocurrían grandes milagros en ese sentido. La ermita se encuentra aproximadamente a un km. de Huesca, entre huertas, por lo que antiguamente era conocida como “Virgen de la Huertas” y posteriormente “Virgen Forastera” pues dice la tradición que procedía de la localidad de Salas Altas.
Hasta aquí llegó el matrimonio tras una caminata de 4 jornadas desde  la lejana Daroca, al sur del reino de Aragón y oraron con fe ante la Virgen, a la que prometieron entregar el peso de la mujer en cera, si ésta quedaba encinta, y regresaron a Daroca.
Poco después la mujer quedó embarazada y transcurridos nueve meses, dio  a luz un hermoso niño completamente sano que fue motivo de felicidad en la familia. Pasó el tiempo, y poco antes de cumplir los 7 años el pequeño fue atacado de unas fiebres que le causaron la muerte.
Los padres, destrozados, cayeron entonces en la cuenta de que habían olvidado enviar la cera prometida, y con gran dolor en sus corazones y avergonzados por haber incumplido su promesa, se presentaron nuevamente ante la Señora de Salas con el cuerpo muerto de su hijo.
Dicen que la Virgen sonrió con dulzura y el pequeño le contestó volviendo a la vida con una leve carcajada.
Los tres darocenses volvieron a su Villa y nada más llegar a ella acudieron a la iglesia de Santa María de los Corporales a dar gracias y cuenta de lo sucedido.
Esta tradición está recogida en una de las cántigas que el Rey castellano, Alfonso X el Sabio, dedicó a este Santuario, muy famoso ya en la Edad Media por los milagros que allí se producían.
Posee también esta ermita un Misterio Eucarístico “Las Sagradas Formas de Salas” descubierto en 1727. Se trata de un paño con dos Formas Consagradas y un pergamino que explica cuando fueron sacramentadas el 16 de marzo de 1314.
 
La ermita de Salas de Huesca y la promesa incumplida
Autor:
Pascual Sánchez
 
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