Comenzamos esta segunda entrega de tradiciones perdidas con las “Ferias de Daroca”. Aquel ferial que empezaba en la Puerta Alta, con esos tratantes tan típicos de negros blusones y grandes sombreros o gorras valencianas, sus largas varas con las que "arreaban" a las caballerías, el regateo entre ellos manejando grandes fajos de billetes, que terminaba  con un apretón de manos, algo que entonces tenía el mismo valor que una firma ante notario. Los gitanos, los de aquí y los forasteros, eran figura imprescindible en las ferias con su conocida  habilidad para el trato. Cuentan los más mayores que había miles de cabezas de ganado lanar y también bastante vacuno. Las caballerías rondaban los dos millares, pero la mayoría de los animales que se veían esos días los traían los tratantes forasteros; payos ó gitanos. Dentro del Ferial había una zona en la que se probaban los animales antes de ultimar los tratos. Muy frecuentes en las ferias eran "los charlatanes" que aprovechando la cantidad de personal ofrecían sus productos de una manera muy original, tanto que parecía un espectáculo. Eran verdaderos artistas de la venta y  la palabra. Y algo muy típico en todo el Ferial eran los puestos de bacalao que en grandes sartenes se freía en piezas con aceite y guindilla.
Hablamos de unos tiempos en los que en Daroca había “personal”, la gente salía a la calle, frecuentaba las cantinas, aquellas que como otras muchas cosas sólo quedan en el recuerdo. Macanche, Canela, la Culona, la de los Curas, Plus Ultra o Juan José. También elegantes cafés como el Recreo, el Imperio, Casa Hipólito o Casa Fortún. Y teníamos cine, el Cervantes, del que ya hemos escrito en estas páginas del Comarcal del Jiloca. Más tarde se inauguró un nuevo cine, el Fuertes, que compitió  algunos años con el anterior. Incluso, durante algún tiempo, había para elegir entre tres cines, ya que en el Salón de Actos de Escolapios se proyectaban películas los fines de semana.
Pero la gran fiesta de esta Ciudad y de sus gentes durante siglos ha sido y sigue siendo la del Corpus Christi. Ferias, juegos, cucañas, toros de fuego y fuegos artificiales, la “función” en la Basílica y la Solemne Procesión a la Torreta seguida con gran devoción por los darocenses y por muchos forasteros que acuden a Daroca para ese día desde tiempos muy lejanos. ¡Antes también había toros! Precisamente fue el día del Corpus de 1949 cuando se inauguró por fin una plaza de toros fija, y además por todo lo alto, siendo los espadas participantes Braulio Lausín, hijo de Gitanillo de Ricla y el darocense Víctor Cubel. Ambos con sus correspondientes cuadrillas, todos en traje de luces.
Otra fiesta de mucho arraigo era la de "los Quintos" que se celebraba todos los años en pleno invierno con gran popularidad. Los mozos que habían sorteado para la “mili” quemaban un gran chopo en la “Plaza Colegial” y ahí organizaban su fiesta a la que estaba invitado todo el mundo, especialmente los mozos de la quinta anterior con los que rivalizaban en diversos juegos competitivos como “el tiro de soga”, “la barra aragonesa”, y otros más tranquilos como el guiñote, el parchís o las damas.  Se decía que los “quintos” tenían por costumbre, en los días previos a la fiesta, cazar gatos callejeros con los que preparaban una merendola como si de conejo se tratase.
Terminaba el año con el ambiente familiar de las Navidades, pero aún quedaba la  Noche Vieja, en la que, a falta de carnavales, la gente solía disfrazarse para salir en cuadrillas a recibir el nuevo año.
 
 
Tradiciones perdidas
(2ª parte)
Autor:
Pascual Sánchez
 
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