Manuel Millán Gascón nació el 1 de enero de 1643 en Ibdes, población perteneciente a la Comunidad de Calatayud, hijo de Martín y Theresa,  un matrimonio de campesinos; pero el joven Manuel pronto dejó bien claro que lo suyo no era la agricultura, sino el conseguir dinero con mucho menos esfuerzo, aunque para ello tuviese que robar y matar.
“… Empezó a robar de quince años no cabales, y juró matar a todos los robados, porque callen. (del romance de 1760. sic)”
Como vemos, comenzó sus andanzas a muy temprana edad, asaltando caminantes entre  Aragón y Castilla, por tierras de Ibdes, Tarazona y Almazán, aunque más tarde se desplazó hacia Levante y Andalucía.
Le daba muy poco valor a la vida de los demás, pues se la arrebataba a cualquiera sin ningún reparo para quitarle lo que llevase encima, por lo que pronto alcanzó fama de  bandido sanguinario, y se decía de él que le quitaba la vida a una persona por una simple moneda, y a veces ni tan siquiera por eso, y que en su haber se contaban más de 100 crímenes.  
Estuvo algún tiempo condenado a galeras, pero consiguió escapar y seguir con sus desmanes; más tarde fue detenido en Granada y traído a Aragón, y ocurrió, no muy lejos de Daroca, que sus captores decidieron colgarlo por el cuello en un árbol poco antes de llegar a la Ciudad, aunque después hubo que volver a ahorcarlo “oficialmente” en el cadalso  de la plaza.  Esto sucedía el 16 de mayo de 1690 cuando contaba “El Pelao” 47 años.
La detención y posterior ejecución no la llevaron a cabo tropas regulares, sino  un grupo de hombres armados de los que solían pagar las ciudades o comunidades para su seguridad, y este sería el motivo de que fuese ahorcarlo en un árbol a las afueras de Daroca y trasladarlo a la Ciudad ya cadáver.  Posteriormente fue llevado a Zaragoza, en donde estaba reclamado por la Justicia del Reino y mostrado a la gente por la calles.    
No he encontrado registro alguno sobre su ejecución oficial en Daroca y seguramente se debe a ese improvisado “ajusticiamiento” consumado por la mencionada “compañía de gente armada” al servicio de la Comunidad.
Se le conoció durante su azarosa vida como "El Pelao de Ibdes", y tras su muerte, con ese nombre se referían a él los ciegos que de plaza en plaza y de pueblo en pueblo contaban y cantaban sus andanzas y fechorías, durante muchos años después. En 1760 se publicó un romance titulado “El Pelao de Aragón”, que no de Ibdes, seguramente pensando más en la posible difusión del personaje fuera de nuestra  Tierra.
Francisco de Goya, muchos años después, debió de leer el romance o bien escuchar a algún ciego cantarlo y decidió representar al personaje en una lámina de 20x15 centímetros.
Se trata de un dibujo a la aguada sepia  que más parece un boceto y que Goya realizó entre 1815 y 1820, con el título “El Pelao de Ybides”.
En la pequeña obra del genial pintor de Fuendetodos aparecen dos hombres; uno de pie,  armado, y el otro arrodillado en actitud sumisa; existen varias interpretaciones sobre cuál de los dos personajes del dibujo es “el Pelao”, aunque parece lo más probable  que el famoso bandido sea el que está arrodillado, implorando perdón al otro hombre que lleva en su mano una cuerda con la que posiblemente fue ahorcado poco después.
“…Pues que dispone en Daroca, al pie de un árbol hallase-en la horca de Daroca le colgaron su cadáver (del romance de 1760 sic)”.
 
 
El “pelao de Ibdes” fue ajusticiado en Daroca
Autor:
Pascual Sánchez
 
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