A partir de 1902, al suprimirse seis de las siete parroquias darocenses, sus iglesias se desacralizaron, salvo la de Santo Domingo que continuó como ayuda de parroquia. Algunos de esos edificios ya llevaban tiempo derribados o semi-derribados,  como las iglesias de San Pedro y San Andrés; la de Santiago se derribó a partir de entonces, y afortunadamente tres de ellas se salvaron con mayor o menor fortuna; la mencionada de Santo Domingo, la de San Miguel, que en 1919 se salvó de la piqueta “in extremis” y la de San Juan, que aunque no se derribó, sufrió un deterioro continuado y fue durante años un edificio en ruinas.
Hubo en esos años un verdadero trasiego de piezas y obras de arte de todas esas iglesias, que se donaron, cedieron o vendieron: sillerías, retablos, etc.  Las piezas más valiosas de orfebrería, pintura y textil se almacenaron en dependencias de Santa María y muchas de ellas forman parte actualmente del magnífico Museo de los Corporales.
Hablamos hoy de una de esas piezas que salieron de una de aquellas iglesias y que hoy día, en otro lugar, cumple las funciones para las que fue concebida: El órgano de la iglesia de Santiago, construido para esa parroquia entre 1771 y 1772.
El 11 de mayo de 1771 mosén Alejandro Paracuellos, en nombre de la Parroquia, firmó el contrato con los maestros organeros Fermín Usarralde y Thomas Sánchez , y  el 31 de mayo de 1772 el órgano estaba listo y funcionando, siendo el último que se construyó para una iglesia de Daroca, después de más de tres siglos en los que se habían construido muchos de ellos para todas las iglesias darocenses. Este último órgano le costó a la Parroquia de Santiago, aparte los gastos de la preparación y carpintería, 620 libras, que fueron pagadas a los organeros durante cuatro años.
Volviendo a los primeros años del siglo XX, en 1911 el Ayuntamiento de Daroca compró la iglesia de Santiago al Arzobispado de Zaragoza por 5.000 pesetas, desacralizada hacía varios años; sacó su derribo a subasta y tras una serie de circunstancias, en marzo de 1912 su demolición era ya un hecho.
De entre las piezas de esta iglesia que se reutilizaron, estaban el reloj de su torre, de propiedad municipal, que se instaló en la torre de Santa María, el retablo mayor, que se cedió al convento de Dominicas en calidad de depósito, salvo algunas imágenes del mismo, y el magnífico órgano, que se vendió por 500 pesetas a la parroquia de Encinacorba.
En esos momentos el párroco-arcipreste de Daroca era don José María Gil de Oroquieta y su coadjutor, don Julián Cabeza López, de unos 25 años, natural de Encinacorba, y éste  fue, en combinación con el párroco de su pueblo, Joaquín Terrado, quien se encargó de la gestión de la venta del órgano  por la cantidad  ya indicada, que la parroquia de Santa María invirtió en pagar parte de la reparación del órgano de la Basílica.
La parroquia de Encinacorba se hizo cargo de los gastos de transporte, y una mañana de agosto de 1918, muy de madrugada, salió de Daroca una caravana de carros tirados por bueyes cargados con todas las piezas del órgano,  con dirección a Encinacorba.
Los antiguos parroquianos de Santiago de Daroca vieron con pena partir una parte emblemática de su iglesia, ya inexistente, pero debieron de sentir consuelo al pensar que su magnífico órgano seguiría tañendo en otro lugar.
Unos meses más tarde, el órgano de Santiago volvía a escucharse, tras varios años en silencio y a bastantes kilómetros del lugar para el que fue construido.
 
 
De Daroca a Encinacorba
Autor:
Pascual Sánchez
 
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