El Batallador, concedió a Daroca un Fuero que lamentablemente no se conserva, aunque sí la evidencia de su existencia al ser mencionado en otros concedidos por el mismo Monarca en torno a 1129.
En 1142 Ramón Berenguer IV otorgó a la Villa un nuevo Fuero de Población del que si existe documento; se trata de un pergamino de 89x58 cm. cuyo texto contiene 83 líneas con una escritura muy clara, y parece una confirmación de otro anterior, el mencionado de Alfonso I.
Este Fuero se podía considerar revolucionario para la época, sin duda con el fin de favorecer la repoblación de esta tierra de frontera, similar a los de Calatayud y Teruel, más exigente incluso en algunos aspectos y comienza así:
En el nombre de Cristo y de su divina clemencia, Padre, Hijo y Espíritu Santo, Amén. Yo Raimundo, conde de Barcelona, príncipe de Aragón y Señor de Zaragoza  y Daroca, situada esta última en los confines de la tierra sarracena doy esta Carta de Confirmación y Privilegio a los vecinos y pobladores de Daroca….(sic)
La Carta se extiende a lugares y aldeas de su amplio territorio: Desde Villafeliche á Atea, á Cimballa, á Cubillejo, á Zafra, á Rodenas, á Santa María á Castel Cauib, á Ademuz, á Sarriella, á Alpuent, á La Cirab, á Torralba, á Montán, á Linares, á Rio de Martín, á Uesa, á Fuentes de Tosos, á Villanueva, á Cosuenda, á Codos, á Miedes. Todas estas localidades con sus términos (sic).
Veamos alguno de sus artículos, adaptados al leguaje actual:
Se condenaba al ladrón a devolver el doble de lo robado, además de la correspondiente multa;  los sirvientes de los vecinos: criados, pastores u hortelanos, no podían servir a ningún otro patrón; los vecinos no tendrían que responder ante la Justicia salvo en los casos de homicidio, allanamiento de morada o violación de mujer; si un vecino hiriese a otro tendría que pagarle 60 sueldos, si le rompiese un diente, le cortase un dedo o cualquier otro miembro equivalente, el pago sería de 100, y si fuese la amputación de una mano o le sacase un ojo, ascendería a 500.
Cristianos, sarracenos y judíos estaban sujetos al  Fuero en cuestión de multas; si un vecino sospechaba que otro le había robado, tenía derecho a registrar su casa, aunque con presencia de un juez si ocurría en la Villa, o de dos vecinos si lo era en alguna de las aldeas; si alguien encontraba un animal en su propiedad podía quedarse con él, y si el dueño quería recuperarlo debería pagar por ello; la multa por robar en una viña o huerto de noche era de 300 sueldos, pero si era de día el pago se reducía a 5; si alguien se encontraba un tesoro, tenía derecho a quedarse con él.
Existía cierta permisividad en lo referente a la defensa propia, aunque sin llegar a matar al agresor, pues en ese caso era considerado homicida; si un vecino moría sin descendencia ni parientes, sus bienes se destinaban a la reparación de las murallas; si un árbol hacía sombra a una propiedad ajena, habría de ser cortado, a no ser que cumpliese función de limitación de la finca; si alguien hería a uno de sus progenitores se le cortaba la mano.
Se advierte en el documento que si alguno lo destruyese “sáquenle las entrañas y venga sobre él la maldición de Dios” (sic).
El Fuero de Daroca fue la primera Carta del derecho de frontera de Aragón, desde donde se extendió por las nuevas localidades que se fueron conquistando en la actual zona turolense, y también por Navarra.
 
 
Sobre el Fuero de Daroca
Autor:
Pascual Sánchez
 
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