Otro de los darocenses a los que pronto se le quedó pequeña su ciudad, aunque siempre la tuvo presente, hasta el día de su muerte a casi 7000 km de distancia. Miguel-Domingo Fuertes Lorén nació en Daroca un 4 de agosto de 1871 en torno a las 4 de la madrugada y fue bautizado unas horas más tarde en la parroquia de Santiago de esta Ciudad; hijo del darocense Dionisio y de la retasconera Quiteria, feligreses de la mencionada parroquia. Su formación académica se desarrolló en los Escolapios de Daroca, siendo su primer profesor el padre Antonio Martínez, con quien mantendría amistad y correspondencia mucho tiempo después. A los 15 años marchó al Seminario Conciliar de Teruel y un año más tarde al de San Valero y San Braulio de Zaragoza.
Ejerció el diaconato en su parroquia de Santiago de Daroca durante 9 meses y el 21 de septiembre de1895 fue ordenado sacerdote por don Mariano Supervía, obispo auxiliar de Zaragoza por el reciente fallecimiento del Arzobispo zaragozano, Cardenal Benavides. Su primer destino fue como coadjutor en la parroquia de Villafeliche, en donde estuvo 10 meses hasta que fue nombrado párroco de Lechón. Aquí permaneció más de dos años, hasta el 10 de octubre de 1898, en que fue destinado a Buenos Aires por un periodo de dos años, pero no volvió a España hasta 1905 y tan solo por unos días que los pasó con su familia en Daroca.
En Sudamérica ejerció como párroco en Panamá, Cuba y República Dominicana, siendo nombrado cura interino de Barahona el 21 de junio de 1909.
Ese mismo año acompañó a una expedición científica alemana por aquellos contornos y en 1910 ejerció como capellán del ejército en la frontera dominico-haitíana, en donde había estallado un conflicto armado que finalmente se resolvió por vía diplomática.
En 1911 emprendió una expedición a petición de un botánico berlinés, por la Cordillera Central, siendo el primer hombre en coronar la cima de “La Pelona”, al menos del que haya registro. Dos años más tarde viajó a Barcelona acompañando al Arzobispo Nouel y aprovechó para visitar a su familia en Daroca. Antes de regresar a  la República Dominicana se entrevistó en Alemania con el prestigioso científico Ignatz Urban, de la Universidad de  Berlín.
De nuevo en el Continente Americano realizó exploraciones mineras en el Cabo Beata, donde descubrió dos filones de oro y magnesita.
Sin dejar sus excursiones e investigaciones sobre geología y botánica, el 15 de agosto de 1924 es nombrado párroco de Barahona, donde construyó el templo de Santa Ana y la ermita de  “la Ciénaga”.
A finales de 1925 enfermó de manera repentina y fué ingresado en el hospital del Batey de  Barahona y más tarde trasladado por barco al Padre Bellini de Santo Domingo, para poco después ser llevado al asilo de Santa Clara donde falleció el 4 de marzo de 1926 a la edad de 55 años.
Considerado por varias universidades de América y Europa como un gran biólogo al que hay que agradecer sus estudios sobre la flora de las provincias de Barahona, Azua y región de Paraíso. Durante años recogió y catalogó infinidad de especies, cuyas colecciones envió  al museo de Berlín, del que recibía fondos para sus investigaciones. También tuvo el apoyo de otros países europeos y de E.E.U.U.
Gracias al intenso trabajo de este darocense, presbítero y hombre de ciencia se enriquecieron las colecciones de plantas de los museos y jardines botánicos de Cambridge, Chicago, Washington, New York, Hamburgo, Berlin, Munich, Paris, Zurich, Viena y Budapest, y se cuentan por decenas las especies que llevan su nombre.
 
 
Un botánico de fama universal
Autor:
Pascual Sánchez
 
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