En Daroca podemos presumir de muchos monumentos y de muy variados estilos, y aún serian más si la “piqueta” no se hubiese cebado con algunos de ellos. Conventos, iglesias, palacios y otro tipo de edificios fueron derruidos siguiendo diversos criterios, no siempre acertados. Una “víctima” más de aquello, aunque posiblemente por distintas razones, fue el Cine-Teatro-Cervantes de Daroca que durante décadas fue para la Ciudad un referente de ocio y entretenimiento, pero también de cultura, pues el teatro y el cine sin ninguna duda lo son. Exteriormente era una construcción convencional con matices que la hacían característica, pero su interior era realmente espectacular, con su flamante patio de butacas, sus 14 amplios palcos y su entrañable “Gallinero” en lo alto del edificio para las clases populares.
Fue propiedad del Casino Principal de Daroca que lo arrendaba para su explotación como cine-teatro, hasta principios del siglo pasado en que lo puso a la venta por el procedimiento de subasta, siendo adquirido por la familia Gómez-Gálvez en 1932. Sus primeros propietarios fueron los hermanos Julio y Antonio Gómez, el suegro del primero, Antonio Gálvez y Salvador Fuertes, pero poco después dos de ellos abandonaron la sociedad quedando ya como dueños definitivos Julio Gómez y su esposa Presentación Gálvez, que junto a sus hijos, Presen, Antonio, Julio y Ana, sacaron adelante este negocio familiar durante muchos años, en los que además de proyectar películas del momento, muy a menudo ofrecían también obras de teatro y espectáculos de muy variada índole, desde magos e ilusionistas hasta cantantes muy famosos entonces como el gran tenor aragonés de fama internacional Miguel  Fleta, la cantante Lolita Sevilla en su época de mayor popularidad y la mismísima Joséphine Baker, bailarina y cantante estadounidense conocidísima por el público español como “la Baquer”.
En el Cine-Teatro Cervantes pudieron verse en sus inicios muchísimas películas del cine de la época, es decir “cine mudo” y en blanco y negro; comedias, dramas, aventuras, etc… pero también fue pionero del cine sonoro y del “technicolor”.
Durante la Guerra Civil de 1936, Daroca estuvo en todo momento en el bando llamado nacional y fue lugar de retaguardia, por lo que el Cervantes, prácticamente no interrumpió su programación en ningún momento, a pesar de que en principio a punto estuvo de ser requisado para alojamiento de tropas. El señor Julio iba personalmente en un coche que alquilaba  en Calamocha a buscar aquellos enormes rollos de films nada menos que a Valencia, que estaba en “la otra zona”, para que sus clientes no se quedasen sin cine. Es fácil imaginar las peripecias que este hombre tuvo que pasar, dignas de una película de Berlanga.
Continuó durante años ofreciendo películas, obras de teatro y variedades, pero en los años 60, algunos medios ciudadanos entendían que el cine era un “centro de perversión” y se encontraba demasiado cerca de la Iglesia principal de la Ciudad, por lo que el Ayuntamiento propuso a la Familia Gómez-Galvez que hiciese un edificio delante de él, dedicado a otros usos, de manera que el cine quedase fuera del núcleo central de la plaza,  a lo que los propietarios se negaron. Desde entonces fueron continuas las presiones por parte del Consistorio para la venta del edificio.
Estos y otros motivos desencadenaron pocos años después en la venta del Teatro Cervantes a la Parroquia de Daroca-Arzobispado de Zaragoza con idea de hacer en él una especie de centro de ocio juvenil o algo parecido, que no llegó a realizarse, pues poco tiempo después fue derruido y en su lugar existe hoy un edificio que para nada es comparable a aquel Teatro-Cine Cervantes.
 
 
 
El Teatro-Cine Cervantes de Daroca
Autor:
Pascual Sánchez
 
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