En el siglo XVIII nacieron en Daroca más de 12.000 niños y niñas. Haciendo una sencilla división nos da 120 niños al año o 10 niños al mes, algo que provoca cierta nostalgia si lo comparamos con los que nacen en la actualidad.
Solamente en la parroquia de Santa María, fueron bautizados durante esos cien años, aproximadamente, unos 1.600 niños, y no fue en la que más darocenses se bautizaron pues la superaron en número Santiago con 3.700 y Santo Domingo con 1.800.  La cifra de nacimientos fue descendiendo durante la centuria, desde los 215 nacidos entre 1700 y 1710 a los registrados en la última década que fueron 147.
En muchos de esos bautismos aparecen en la partida conceptos como: “hallado, de padres ocultos, de padres incógnitos, de padres no conocidos”, etc. Se indica que han sido dejados o expuestos en la ventana, puerta o torno de un convento u hospital de la Ciudad y ocasionalmente en la propia iglesia. En algunos casos, los menos, dejaban junto a la criatura una “zedula” con su nombre de pila y a veces algo de dinero.
Se les denominaba “expuestos o expósitos” y al ser bautizados, algunos eran inscritos con el apellido del padrino o madrina, que casi siempre era el hospitalario u hospitalaria, el sacristán y a veces algún canónigo. Sin embargo muchos de ellos se bautizaban sin ningún apellido, aunque posteriormente, al ser expósitos, algunos de ellos adoptaron esta denominación como apellido, y en otros casos como nombre de pila. Otra manera de denominar a estos niños y niñas al ser bautizados e inscritos en el correspondiente Libro Sacramental era la de “de Gracia” y así figuraba como único apellido. Con el paso del tiempo desaparece el “de” quedando solamente Gracia. Muchos de estos niños que habían nacido en Daroca o alguno de los pueblos cercanos, después de ser bautizados eran enviados al Hospital de Nuestra Señora de Gracia de Zaragoza, y así queda reflejado en la partida de Bautismo.
Como hemos visto, a muchos de ellos se les inscribía con el apellido del padrino, mucho más abundante en esa época que la madrina,  por lo que existen apellidos “normales” en muchos de aquellos niños y niñas. Un ejemplo sería Quilez, apellido del que fue durante muchos años sacristán de la Colegiata Joseph Quilez y apadrinó a muchos de ellos, pero no es el único caso, también están los Luna, Suarez, Miranda, La Vega, Cruz, Pardillos, Clemente, Guiralta, Pérez, Hijazo, etc…
Hacia mitad de siglo es cuando la denominación de expuesto o expósito pasa de ser un adjetivo para convertirse en apellido, inscribiéndose al margen tras el nombre de pila.
En otros casos el niño es “admitido legalmente” por un matrimonio, poniéndole su apellido, con lo que el expósito pasa a tener el apellido de sus “padres adoptivos”.
Las parroquias comenzaron a inscribir a sus feligreses hacia mitad del siglo XV, aunque sería a partir de 1540, tras el Concilio de Trento, cuando se establece su obligatoriedad, y mucho más tarde, en 1870, cuando se crea el Registro Civil en el que tienen que inscribirse todos los ciudadanos, y es entonces cuando se “oficializan” todos estos apellidos, igual que otros muchos.
Todo lo dicho hasta aquí se refiere a la Parroquia de Santa María, pero, aunque en mucha menor medida, estos casos de niños expósitos se dieron en las otras seis parroquias de Daroca, y también en las rectorías y vicarias del Arciprestazgo.
(Hemos mencionado al principio cifras ciertamente altas del número de niños nacidos en Daroca, pero también es cierto que el porcentaje de mortandad infantil era muy elevado).
 
 
 
Los niños expósitos
Autor:
Pascual Sánchez
 
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