En algunos de mis textos empleo la palabra “gabacho” para referirme a los franceses que durante la Guerra de la Independencia invadieron nuestro País. Es muy común emplear ese término para referirnos a nuestros vecinos franceses con los que las relaciones han sido siempre “las normales entre vecinos”, es decir, buenas, regulares o malas según unas épocas u otras. Un periodista inglés decía a finales del s.XVIII “no hay naciones que se odien mutuamente, de forma tan cordial como lo hacen españoles y franceses”(sic)
En esas fechas eran los franceses el grupo más numeroso de extranjeros residentes en España con 27.000 familias,  y en Daroca  vivían y trabajaban muchos de ellos y las relaciones eran perfectamente cordiales. Sin embargo todo cambió considerablemente en 1808, cuando la Grande Armée de Napoleón invadió nuestro País.
Cuando hablo de gabachos no me refiero a los actuales franceses, sino a los  que entraron en nuestro País a “sangre y fuego” pretendiendo imponer sus ideas y   su famosa revolución. Llamo gabachos a aquellos que se referían a los defensores de Zaragoza como “los 30.000 idiotas”, aquellos franceses que ni siquiera todos lo eran, había polacos, italianos, suizos, etc, que formaban parte de aquel formidable ejército invasor.
Los españoles, y especialmente los aragoneses, con bien ganada fama de testarudos y viscerales no se pararon  a pensar si lo que aquellos gabachos querían imponer en España era mejor o peor que lo que teníamos  y  en su mayoría se rebelaron contra esa invasión,  prácticamente sin medios, contra esa inmensa maquinaria bélica del mejor ejército del mundo del momento.
Para muchos españoles estas gentes eran los primeros extranjeros que veían en su vida, y no fue precisamente de un modo agradable. Entraron en sus pueblos, en sus casas, en sus vidas cometiendo todo tipo de abusos. Daroca y una buena parte de su extensa Comunidad de Aldeas fue ocupada  por esos gabachos, muchos de ellos polacos pertenecientes al ejército de Napoleón, que con la superioridad de las armas robaron y maltrataron a los ciudadanos, y  fusilaron a todo aquel que cometió la osadía de enfrentarse a ellos, a veces solamente con la actitud.
Seguramente la palabra gabacho comenzó a utilizarse en España a partir de entonces para  denominar a los franceses y es muy probable que fuese extendiéndose desde el norte hacia el resto de la Península.
Existen varias explicaciones del significado gabacho pero posiblemente la más extendida es la que dice que de ese modo se denomina a los originarios de una zona francesa próxima al río Gavás. Otra interpretación, documentada al menos desde principios del siglo XVI, denomina gabachos a los montañeses occitanos, “gavach=montañés”, oscuro, grosero. Un significado distinto de gabacho lo encontramos en el Tratado de los Pirineos en 1659, tras el cual algunas zonas  de la Cerdaña quedaron divididas entre Francia y España. En una ocasión, los aldeanos de ambos lados se reunieron en Puig Cerdá para celebrar una fiesta de hermandad que finalmente terminó en trifulca sangrienta. Desde entonces los de la parte española comenzaron a llamar gabachos a sus hermanos franceses, “gavatx=extranjero”. En algunas zonas de México se denomina gabacho, como equivalente a “gringo” a todos los americanos del norte, especialmente a los blancos, y tiene su origen en la invasión francesa a este País en 1838. Todavía estaba en el recuerdo la pasada Guerra de la Independencia en España, en la que los españoles ya denominaban así a los franceses.  
Los mismos franceses del norte del País denominan gabachos a los franceses de Saboya y del Bearn, que según ellos, casi todos tienen un bulto o bocio en el cuello (gabacho igual a bocioso).
 
 
 
¿Por qué llamamos gabachos a los franceses?
Autor:
Pascual Sánchez
 
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