Hacia mitad de la calle la Grajera, en una replaceta en forma de rectángulo irregular existe un atractivo monumento conocido como “El Pozo de San Vicente”, también llamado en las crónicas Pozo de la Grajera por encontrarse en esta calle, una de las principales de Daroca.
Se compone el conjunto del propio pozo y un amplio pilón-abrevadero. El soporte de la polea es de una sencilla pero fina forja rematada con 3 flores de lis, en ocasiones adornado con yedra. A mitad del s.XIX se añadió un peirón en forma de prisma cuadrangular con las esquinas redondeadas compuesto de tres partes. La primera está revocada con mortero, la segunda, de ladrillo caravista, tiene en su parte superior una placa con el nombre y el año, 1843, y en la tercera se encuentra la hornacina del Santo en el lado que da a la Grajera y sobre él un chapitel acampanado rematado con una cruz de forja.          
Cuenta la leyenda que durante la ocupación romana de esta tierra  el obispo zaragozano San Valero fue hecho prisionero por Diocleciano y mientras era conducido preso a Valencia, a su paso por Daroca, pidió agua a los guardias que lo custodiaban, siendo su respuesta la burla generalizada. Una mujer se acercó entonces con un cuenco del preciado líquido pero uno de los soldados se lo arrebató de una patada mientras decía entre risotadas: “nada de agua para los prisioneros, que la saquen de la tierra si quieren”.
Es entonces cuando su diácono San Vicente, que lo acompañaba, dio unos golpes en el suelo con su cayado e inmediatamente brotó agua de ese lugar. Fueron muchas las personas que presenciaron este hecho que inmediatamente se consideró milagroso tanto por los creyentes como por aquellos que no lo eran. Algunos se convirtieron entonces al cristianismo.
Finalmente en Valencia Valero y Vicente fueron juzgados y fue este último quien habló en defensa de los dos. Según parece Valero tenía algún defecto que no le permitía hablar con facilidad. Tan encendida debió de ser la defensa que Vicente hizo de su obispo que éste fue puesto en libertad, sin embargo el fue ajusticiado.      
Mientras tanto en aquel lugar de Daroca en que Vicente obró su milagro nunca dejó de manar agua y años más tarde se construyó este pozo con su abrevadero para saciar la sed de las personas y los animales.
Más de 1700 años después el Pozo de San Vicente sigue siendo uno de los lugares más emblemáticos de Daroca y en su entorno celebra su fiesta la cofradía que existe en Daroca en honor de este santo aragonés, presente con una pequeña imagen en su hornacina del peirón adosado al pozo.
El pozo de San Vicente ha sido testigo de muchos hechos acaecidos en la historia de nuestra ciudad y mencionado en distintas tradiciones y leyendas.
También es mencionado en las crónicas de Daroca. En una de esas anotaciones puede leerse que el 23 de mayo de 1661 se cayó al pozo de la Grajera una vecina llamada Quiteria Zaida que fue sacada horas después ya cadáver.
Mucho más reciente es una “leyenda urbana” que dice que es en la replaceta junto a este pozo donde nació la  Dolores de la copla, fundada únicamente en que en ese lugar en 1908 se rodaron algunas escenas de una película muda  sobre ella, basada en la obra de Feliu y Codina  en la que se afirma que la Dolores era de Daroca lo que tampoco es cierto, aunque si vivió aquí durante algunos años pero en la calle Mayor y no junto al pozo de San Vicente.
 
 
 
El pozo de San Vicente
Autor:
Pascual Sánchez
 
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