Como adelantábamos en el número anterior, el 26 de junio de 1366, Daroca recibió el nombramiento de Ciudad, sin duda una recompensa de este Rey Ceremonioso a las gentes de Daroca y su Comunidad por haber resistido los ataques castellanos sin permitir que la Villa fuese tomada, convirtiéndose Daroca en la Porta Férrea de Aragón.
En el documento de concesión del título de Ciudad va incluida la promesa de “hacer lo que se pueda con el Santo Pontífice”(sic) para que la iglesia de esta nueva Ciudad sea elevada al rango de Catedral instaurándose en ella un Obispado.
Se explican en el texto detalles curiosos sobre los motivos por los que don Pedro decide conceder a Daroca el título de Ciudad “por cuanto vosotros opusisteis resistencia con fuerza al rey de Castilla, nuestro enemigo, como buen muro de defensa (..) y vino de repente a dicha Villa de Daroca, y singularmente a alguna de sus aldeas della con todo su poderoso exercito para sitiarlas(..) y por cuanto los hombres de dichas aldeas estaban desprevenidos y casi sin armas(..)ocupo para si el dicho Rey las dichas aldeas y casi deshechas y derruydas con duros y terribles combate(..) y finalmente mando destruyr y quemar las miesses de nuestros campos, las viñas y arboles de nuestras heredades sin aver podido dicho Rey tomarle dicha Villa: y esto no lo hizo sin aver vertido mucha sangre”(..)”y vimos bastantes señales para premiaros con razón a vosotros, vuestra posteridad, y a la dicha Villa de Daroca que con su territorio es muy popular y ilustrada, con generosos y grandes hombres y por consiguiente merece serlo” (sic). Por tanto “que la dicha Villa de Daroca sea Ciudad y vosotros y vuestra posteridad os llameis ciudadanos y a la misma Villa levantamos el honor, grado y titulo de Ciudad, para que todos y cada uno de vosotros y los que después de vosotros serán habitadores de la misma Ciudad del mismo modo gozen del titulo de Noble y Ciudadano (..) Dado en Zaragoza a 26 dias del mes de junio del año del Nacimiento del Señor de 1366, y de nuestro Reinado 31 “(sic)
Fueron testigos del nombramiento el arzobispo de Zaragoza, don Lope Fernández de Luna y los obispos de Callen, Huesca, Tarragona y Gerona.
Pedro IV siguió en contacto con Daroca como lo demuestran varios documentos y obras de arte con él relacionados, de entre los que destaca el magnífico Relicario de plata sobredorada que en 1384 el Rey y su esposa doña Sibilia donaron a Daroca para albergar en él los Sagrados Corporales, pieza realizada por Pedro Moragues en su taller de Zaragoza considerada de primer orden en la orfebrería aragonesa. En ella se representan a los donantes, es decir, al Rey y a la Reina en posición orante ante el Altísimo, así como las Barras de Aragón, siendo una de las primeras representaciones tal como hoy las conocemos: en campo de oro cuatro verguetas de gules.
Evidentemente las gestiones que el Rey hizo en su momento para que Daroca tuviese obispado no debieron de ser suficientes para que la Santa Sede considerase esa posibilidad, pero en 1377, la iglesia de Daroca recibió la dignidad de Colegiata, concesión del arzobispo de Zaragoza don Lope Fernández de Luna, ratificada por el Papa Benedicto XIII en 1395.
A diferencia de las catedrales, las colegiatas están dirigidas por un prior o deán. No obstante hubo otros intentos posteriores con ese mismo propósito. En 1601 el Cabildo de Daroca envió un memorial a Felipe III solicitando su intercesión ante el Papa Clemente VIII para la concesión de obispado en Daroca.
 
 
Pedro IV, el Rey de la Ciudad de Daroca (y II)
Autor:
Pascual Sánchez
 
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