Por estas fechas, justamente el 7 de enero de 1600, fue ajusticiado en Daroca un reo que había sido juzgado y encontrado culpable de varios delitos por los que fue condenado a la pena máxima, es decir, a la muerte. Sus delitos habían sido tantos que se le aplicaron tres sistemas distintos de ejecución, de los que cualquiera de ellos hubiese sido suficiente para acabar con la vida del condenado.
Se llamaba Jerónimo Morales y había sido detenido en Villafeliche varios días antes y entregado a la Justicia de Daroca. El juicio fue rápido, así como su ejecución que se desarrolló tal como el Jurado había determinado. Morales fue arrastrado por las calles de Daroca hasta el patíbulo donde fue colgado por el cuello hasta morir, y tras ser descolgado y depositado su cadáver sobre una mesa colocada para el efecto, fue descuartizado por manos expertas ante la atenta mirada de numeroso público que presenciaba la triple ejecución. Sus despojos fueron esparcidos por los caminos en torno a Daroca y su cabeza clavada en una pica y expuesta al público, donde permanecería durante semanas.
Pero, ¿qué había hecho este hombre para merecer semejante castigo?
Jerónimo había llegado a Daroca en torno al año 1593 huyendo de la justicia de Cataluña, en donde ejerció durante años como bandolero y asesino y donde era considerado un hombre de una desmesurada violencia, a menudo gratuita. Cuando se sintió perseguido marchó a tierras valencianas donde fue detenido y condenado  a la horca, pero fue perdonado por el juez al presentarse ante él, pidiendo clemencia, su mujer, Magdalena con sus tres hijos, uno de ellos de pecho. Más tarde se estableció en Daroca para desgracia de nuestra ciudad, y aunque en un primer momento se mantuvo "tranquilo" y se las arregló para acceder al puesto de carcelero, no tardó demasiado en volver a causar temor y odio. Alardeaba por la Ciudad de haber dado muerte a varias personas en su Cataluña natal, de haberse burlado de la justicia y de haber sido ladrón y salteador de caminos.
Además de su consorte, Jerónimo estaba amancebado con otras mujeres a las que maltrataba constantemente. Por si fuera poco, abusaba de su poder, "beneficiándose" a las presas. Todo esto le acarreaba grandes trifulcas con su mujer, y en una de estas, Magdalena acabó con una puñalada en el cuello y Morales fue encarcelado, aunque no tardó en ser puesto en libertad, gracias a sus "influencias". Pero un nuevo altercado, esta vez en el interior de la Colegial, le mandó de nuevo a prisión. En esta ocasión a punto estuvo de pasar a cuchillo a un tal Garcés de no ser por la intervención de un jurado presente en el lugar. Llevado ante el juez fue acusado de varios delitos graves y encarcelado, pero gracias a su conocimiento del edificio carcelario, Morales consiguió escapar de su prisión y tras armarse adecuadamente fue en busca de aquellos a los que consideraba culpables de su encarcelamiento. Tras varios intentos fallidos de acabar con ellos fue a casa de Luis Castellano, al que había amenazado de muerte y en la confusión de la noche, en su lugar mató a su hijo de un alfanjazo en la cabeza. Marchó entonces el vengativo Morales a refugiarse a Villafeliche.
A la mañana siguiente la campana de la cárcel repicó insistentemente advirtiendo de la fuga de este peligroso personaje, provocando en Daroca el natural revuelo y pánico de sus ciudadanos.
El 3 de enero del año 1600 Jerónimo Morales era detenido en esa localidad, y trasladado a Daroca en donde 4 días después fue “triplemente” ajusticiado.
 
 
La triple ejecución de Morales
Autor:
Pascual Sánchez
 
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