No fue el hoy famoso “coronavirus” lo que pasó en 1834 por esta tierra, pero quizá en algunos aspectos podríamos compararlo. La psicosis generalizada y el nerviosismo que se está viviendo en estos momentos es de suponer que también se daría en aquel lejano otoño en que el “cólera morbo” del que ya hablamos en este Comarcal del Jiloca en su número 478 de septiembre de 2017.  Esta comparación es puramente anecdótica, pues sin ninguna duda las consecuencias de uno y otro, afortunadamente, no tienen absolutamente nada que ver. Aquel “cólera morbo” quedaba oficialmente declarado en Daroca el 14 de septiembre de 1834, y la enfermedad estaba controlada el 16 de noviembre siguiente. Dos meses en los que hubo en nuestra Ciudad más de cien muertes por esa causa.
Las autoridades sanitarias, entonces como ahora, recomendaron una serie de medidas para prevenir el contagio de tan tremenda enfermedad, pero en el caso del “cólera morbo” de hace casi 200 años la gente confiaba más en el poder divino que en el sanitario y se encomendaron a la Iglesia de San Andrés, por ser en esta parroquia en donde menos casos se dieron en los primeros días, con tres infectados.  Toda la ciudad se puso bajo la protección de esta parroquia, y el día 22 sacaron su Virgen en procesión por las calles en pública rogativa, en la que participaron todos los habitantes de la Ciudad junto al Cabildo y Concejo y Comunidades Religiosas, siendo “la procesión más seria que en Daroca se había visto nunca”(sic).  Tras la masiva y devota procesión, la Imagen quedó en el Altar Mayor de la Colegiata para ser venerada permanentemente por los parroquianos de todas las iglesias  con un solemne Rosario todos los días y una novena en su honor.
El número de fallecidos por parroquias fue muy irregular. La de Santa María, aún siendo la más populosa junto a la de Santiago, registró únicamente doce muertes por “cólera morbo” y algunos fallecimientos más con ciertas dudas, certificados como cólicos o vómitos. En Santo Domingo fueron trece los fallecidos, todos adultos, cinco hombres y ocho mujeres.  San Juan registró diez fallecidos, siete mujeres y tres hombres, incluido un joven de 17 años. En San Miguel fueron seis adultos, cinco hombres y una mujer, incluido el presbítero don Manuel Pérez, de 69 años.  La Parroquia de San Pedro certificó diecisiete muertes, casi todas ellas en el convento de franciscanos, habilitado entonces como “hospital de coléricos”: ocho varones, contando un chico de 15 años, y nueve mujeres, entre ellas una madre de 32 años y sus dos hijas de 9 y 5. En la parroquia de Santiago se registraron cuarenta y cinco fallecimientos, muchos de ellos niños, catorce en total, siendo la de mayor número de muertes por esta causa con varios enterramientos diarios sin apenas pompa fúnebre y casi siempre por la noche o de madrugada. Falleció también en esta parroquia un héroe de la Guerra de la Independencia, el cura Judas Hernández, que hasta el día de su muerte se dedicó en cuerpo y alma a la atención de los enfermos y moribundos en esta iglesia y en el mencionado hospital.   En todas las parroquias fueron numerosos los casos en los que fallecieron varios miembros de una misma familia.
Naturalmente esta epidemia no fue exclusiva de Daroca. Más de la mitad de España estaba  afectada. Por poner algunos ejemplos de localidades de nuestro entorno, de manera aproximada, pues no siempre está clara la causa de defunción en las partidas. En Villafeliche fallecieron veinticinco personas, en Used treinta y cinco y alrededor de cincuenta en Calamocha.
 
 
Cólera morbo de 1834-Coronavirus 2020. ¿La historia se repite...?
Autor:
Pascual Sánchez
 
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