Por parte de los calamochinos la festividad de San Valentín de 2019 es una fecha para no olvidar, en la que se inauguraba y entraba en funcionamiento la Estación de Tratamiento de Agua Potable (ETAP) de la localidad, acontecimiento de capital importancia para nuestra salud, y que en la calle, tras meses de funcionamiento no ha tenido la repercusión ciudadana que cabría esperar. Quizás tanto silencio sea debido a que no hemos tenido necesidad de  rascarnos directamente los bolsillos, y la cuantiosa inversión de casi medio millón de euros llevada a cabo en los montes de la Dehesa, nos haya caído como del cielo, gracias a la financiación de la Diputación General de Aragón con cargo a los fondos FITE del 2017, y la participación del Departamento de Desarrollo Rural y Sostenibilidad, además del Instituto Aragonés del Agua.
Parece un contrasentido que la frase “donde hay agua hay vida”, sea al mismo tiempo un elemento  letal cuando está contaminado, y que sigue siendo el que más muertes produce en el tercer mundo a mucha distancia de cualquier pandemia o guerra.
En nuestro caso y antes de que llegara el agua corriente a nuestras casas, estuvimos durante siglos pagando un alto precio con enfermedades a causa de las filtraciones de los corrales a los pozos domésticos, existiendo incluso una rivalidad en el vecindario por ver quien sacaba el agua más buena y más fresca, sin prestar la debida atención a las fiebres tifoideas y otras lindezas por entonces cotidianas y hoy felizmente descatalogadas.
Estos problemas y el devenir de los tiempos, llevaron hace sesenta y pico de años, a la corporación del alcalde Luis del Val, a plantearse la traída de aguas desde la vecina localidad de El Poyo del Cid, donde la abundancia del líquido elemento aflora por más de doce fuentes y manantiales, como el Ojo y la Navaza tan vinculada a los curitos, la fuente Berenguer donde según la leyenda lavó sus heridas el conde de Barcelona y La Juan del Herrero, original topónimo que se sigue conservado desde la evolución del latín al romance, y donde el agua inicia camino para abastecimiento de Calamocha, amén de otra tanta que vierte en el Jiloca.
La valiente decisión corporativa nos cambio la vida, y mientras  el agua salía de nuestros grifos como por arte de magia, la aparición de los retretes se llevó por delante la ancestral costumbre de defecar en el corral en compañía de pollos y gallinas. Y mientras, en la lejana California se hacían las primeras pruebas de la ósmosis inversa, que con su avanzada tecnología purifica las aguas en medio mundo, incluso las nuestras.
La ETAP calamochina, con  un caudal permeado de cuarenta mil litros por hora, está hecha para servir a las localidades de Calamocha, Navarrete y Luco de Jiloca, con una moderna y bien equipada instalación preparada para elaborar agua a la carta con una mineralización equilibrada, sin necesidad de añadirle ningún producto químico y mediante el filtraje a altas presiones, atravesando las membranas con un alto contenido en microporos mucho mas pequeños que el diámetro de un cabello,  donde quedan retenidos el setenta por ciento de patógenos, impurezas, y los tradicionales sulfatos de la zona, con los que llevamos peleándonos y pisando la raya roja desde siempre.
En nuestros días es ya historia la tradicional dureza de nuestra agua de boca, puesto que con este nuevo logro hemos hecho una increíble remontada pasando de farolillo rojo a los puestos de liderazgo en la “champion league” de la exquisitez, superando en calidad a otras muchas que se venden embotelladas, además de recomendable para el mundo de los biberones, y excelente argumento para la instalación de nuevas industrias cárnicas en nuestro suelo.
Sorbos de salud
Autor:
Jesús Blasco
 
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