La llegada de la festividad de San Antón en el corazón del invierno, nos hace recordar imágenes de otros tiempos con unas calles exentas de vehículos y por entonces ocupadas por carros y galeras, además de casas con anillas y estacas en sus fachadas donde se ataban los equinos y colgaban sus aparejos.
Los tiempos modernos fueron transformando la sociedad calamochí, en la que Mantas Daudén puso la primera piedra, junto al vigoroso comercio emergente, la mecanización del campo y finalmente la acertada apuesta de Matinsa, propiciando en el pasado siglo la caída hegemónica del sector primario, lo que supuso un cambio de vida, de costumbres y hasta de paisaje urbano.
La cosa también afectó a la mas antigua de nuestras cofradías que estuvo en un tris de desaparecer siguiendo el mismo camino de otras tan celebérrimas y organizadas como la del Rosario a cuyas expensas de levantó el que fuera retablo mayor de los Misterios; o la cofradía penitencial de la Sangre a la que pertenecía medio pueblo, y también entre otras la elitista de Santa Orosia, con “numerus clausus” para sus cofrades entre los que se contaban cuatro obispos.
En tiempos, el 17 de enero era festivo en Calamocha, los viejos cofrades durante la misa cantada se apostaban en la puerta de la parroquia y disparaban unos morteretes anunciando el momento de la consagración, tras la procesión había un refresco y por la tarde juegos, carreras pedestres y otras diversiones, mientras que a los animales de labranza se les libraba de la tarea cotidiana dándoles fiesta y ración doble de pienso.
En nuestros días al no quedar animales en nuestras casas, una nueva generación de cofrades ha sabido revivir aquella tradición con un nuevo enfoque abriéndose al mundo de las mascotas, y aquello que estuvo a punto de perderse goza de buena salud con una legión de niños arropando al Santo que lleva un cerdico a sus pies, y acompañando a ambos en su recorrido por nuestras calles, formando una simpática y variopinta procesión entre perros, gatos, pájaros, conejos, tortugas, algún cordero y hasta hemos visto animales tan exóticos como insectos palo.
Es ya historia los petardos y las carreras de pollos en la que los animales siempre llevaban las de perder; y por contra en la fiesta de nuestros días hay dos actos que jalonan y prestigian la jornada como son la imposición durante la bendición en las gradas de la Iglesia, de la Tau Antoniana a todos los perros adoptados en el año,  generalmente sin raza, abandonados y con una vida de sufrimientos, recogidos en las protectoras o directamente de la calle para traerlos a un cálido hogar donde vivir junto a una familia que nunca los abandonará.
Otro acto muy especial es el nombramiento de Mayordomo de Honor que en el presente 2020 compartirán dos mujeres excepcionales, compañeras de trabajo en la judicatura y apasionadamente entregadas a la defensa y derechos de los animales, María Luisa Gutiérrez y Gema Calahorra, ambas al unísono siguen poniendo voz a quienes no pueden defenderse y cuyos nombres quedarán para la posteridad en el Memorial del Parque Rafael Angulo como un referente y faro que ilumine nuestros pasos.
En los últimos años en nuestra localidad se ha multiplicado de una manera muy considerable y visible la cabaña canina y del mismo modo cada vez se hace mas palpable la concienciación y responsabilidad ciudadana. A nivel municipal se ha construido un albergue para perros abandonados y firmado convenio con Diputación para su recogida, ha comenzado a funcionar el registro de razas peligrosas y campañas en los medios sobre comportamiento cívico en la recogida de excrementos, quedando pendientes muchos objetivos y todo un mundo por hacer.
Interesante y muy de agradecer es la cada vez más secundada iniciativa del sector servicios colocando en la puerta de sus establecimientos unos enganches para amarrar momentáneamente a las mascotas, lo mismo que aquellos restaurantes de carretera con la feliz idea de colocar bebederos de agua en plena canícula y hasta la entrada libre que facilita  algún establecimiento y no es precisamente la celebrada peluquería canina que se acaba de inaugurar.
En esta España nuestra donde se produce un abandono animal cada cinco minutos, en festividades como la de San Antón es momento de acordarnos y dar las gracias a la gran familia de voluntarios que desde distintos sectores se entregan a subsanar errores de otros y a procurar una mejor vida a esos indefensos que llamamos animales.
 
 
 
Tiempos modernos
Autor:
Jesús Blasco
 
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