Hace más de medio siglo cuando Calamocha, tras años sin celebrarse, ya había dado carpetazo a la cabalgata de reyes, siendo adolescente me puse al frente de su rehabilitación acompañado de un buen número de amigos y voluntarios. Pedí que me bajaran a Báguena para recoger casa por casa los trajes de los reyes, que años atrás se prestaron y no los habían devuelto. Las jóvenes alumnas de Remedios Álvarez se encargaron de recomponerlos en su taller de máquinas Alfa, mientas que el ayuntamiento colaboró con diez mil pesetas, los almacenes Ve Gé con treinta kilos de caramelos, y mis Padres con la gasolina de un viaje a Casetas más el coste de antorchas y bengalas que nunca cobraron. Valentín Martín en el papel de Papa Noel fue quien abría la real comitiva a lomos de un borriquillo.
Si lo que acabo de relatar en esta contrarréplica al señor Alcalde de Calamocha, no le dice nada, y si a esto le llama que no es tener amor por los niños, puedo contarle otras muchas historias sobre cabalgatas calamochinas en las que nunca he visto implicado al señor Rando. Además le invito a que busque por el municipio a otro Jesús Blasco tan comprometido con los infantes de la Localidad porque igual le doy un premio. El propio artículo “Otra vez de culo” es la mejor prueba de que la cosa no me es indiferente, pues hasta me tomo la molestia de argumentar y señalar los agujeros por donde se va el agua para que sean taponados y no se pierda nada de lo conseguido.
Por su parte el Alcalde no me da cuartel y me echa encima todas las lindezas del diccionario llamándome de todo, solo a falta de agostero, narcotraficante y hasta que no soy hijo de mi madre. Me rindo si tengo que explicar lo del alzheimer y las cataratas, porque ante semejante nivel, paso de largo. Los insultos y mentiras que me achaca los habrá visto él, pues hasta los que no me conocen saben que no es mi estilo y  que en la vida ha sido mi norma ir con la verdad por bandera, aunque ya sé que  resulta imposible atravesar una muchedumbre con la llama de la verdad sin quemarle a alguien la barba.
Las gafas que me recomienda el señor Rando se las retorno para que me diga en que párrafo menciono al circo, porque por más que releo no encuentro la mención por ningún lado. Las gafas también le vendrán bien para captar las diferentes sensibilidades de la Villa, y verá que hay padres que no comparten el todo vale, y desean lo mejor en la formación de sus pequeños que como esponjas que son, lo captan todo y el pasar una buena tarde no está reñido con hacer las cosas bien.
El señor Alcalde hace bueno el refrán de “consejos vendo y para mi no tengo”, faltar al respeto es jugar a la confusión porque en economía no es lo mismo gasto corriente que invertir en nuevos tronos; faltar al respeto es llamar marionetas a cientos de calamochinos en cuya unión he colaborado a lo largo de los años; faltar al respeto es no asistir a recibir a SS.MM. y darles con la puerta en las narices para después sentarlos en sillas del bar de la feria teniendo a dos metros los tronos de las carrozas.
Los formatos de cabalgata hay tantos como gustos, y lo que sale a la calle en Calamocha es según diseño de la municipalidad y con el visto bueno del Alcalde, pero no deja de ser chocante que ahora diga que prefiere que la gente acompañe mezclados entre las carrozas en contraste de la opción de la SCD y de las concejalías que trabajaron el evento que optaron por la visualización a pie quieto, evitando niños en la calzada y caramelos por el recorrido para evitar accidentes.
Afirmar gratuitamente que no me importa que los niños pasen frío, es de tener muy mala baba, le recuerdo al señor Alcalde que hace dos años sus responsables de organización contemplaban entre otras alternativas el alquiler de estufas de terraza para los quince minutos finales con los regalos. El guión del recorrido según los folletos que repartió el ayuntamiento era terminar en la monumental fachada parroquial como así se hizo, seguramente por el mismo motivo que se elige para la proclamación, en vez de hacerla en el pabellón.
Le agradezco al señor Rando que me hiciera caso de acabar con la moda de usar la procesión del patrón para convertir la imagen de San Roque en un perchero de exvotos con banda y bastón de mando, y además le agradezco que lo diga (aunque lo hace con segundas), para que todo el mundo sepa lo bien que le oriento poniéndolo en sintonía con lo recomendado por el Nuevo Testamento y la Constitución.
Al señor Rando le da pena de cómo vendo Calamocha, y yo le digo que mi pena es no saberlo hacer mejor, porque llevo años dedicado a poner en valor nuestras cosas ante propios y extraños y cualquier ciudadano podría  contestar al respecto, pero ahí están vídeos y artículos míos que hablan por si solos. Seguramente la forma correcta de vender Calamocha son los abochornantes plenos presididos por el señor Alcalde.
Flaco favor se ha hecho el Alcalde de mi pueblo saliendo a replicar y precisamente con un vecino, que es lo que soy. Un alcalde tiene que estar por encima de estas trivialidades y en su sitio. Y aunque le digan perro y moro debe tener cintura, saber encajar la critica, contar hasta veinte, tragar saliva y tirar hacia adelante, como hace el común de los alcaldes.
En casos como el que nos ocupa, no hay que perder ni el norte ni el tiempo con los de la grada, lo procedente es bajar a vestuarios y llamar al equipo técnico a consultas. El señor Alcalde se quedó sin nadie en su comisión de fiestas, y es dramático que en los dos últimos años de cabalgata, se haya perdido también el ochenta por ciento de empresas y participantes y aquí esté, tirando balones fuera en vez de salir pitando a repescar los perdidos.
 
 
El endiosamiento del señor Rando
Autor:
Jesús Blasco
 
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