En la pasada primavera al siguiente día de la festividad de nuestro señor San Jorge, tuve el honor y el agrado de ejercer de cicerone para un grupo de la Asociación de Antiguos Alumnos de la Universidad de Zaragoza que después de casi treinta años volvían por estas latitudes, en una nueva excursión cultural, auspiciada por el admirado historiador y medievalista don Agustín Ubieto, a quien obsequie con una inesperada fotografía de aquel momento,  tomada en la escalera de la casa solariega de los Valero de Bernabé y donde aparecemos ambos, él con mas pelo y yo con menos tripa.
Estos ilustres excursionistas sabían lo que querían ver, y así me lo comunicaron en los días previos, oportunidad que aproveché para documentarme como si fuera a opositar.  No es la primera vez que me veo en el papel de explicador entre personas de mucho nivel, entre las que además de infundirme muchísimo respeto, me encuentro muy feliz disfrutando y aprendiendo con sus comentarios.
Una vez concluida la visita de Calamocha, la comitiva se dispuso a continuar su viaje poniendo rumbo a Fuentes Claras, donde el profesor Ubieto recordaba haber visitado en su juventud una cantera para la preparación y extracción de piedras molares con destino a los molinos hidráulicos harineros.
Esta afirmación me dejó atónito, pues nunca antes había escuchado la existencia de tan singular yacimiento, y pese a lo desapacible del día, no tuve nada de pereza para unirme a la troupe y ser testigo presencial del redescubrimiento, que se halla relativamente cerca del pueblo, en el paraje llamado el Campillo lindando con el camino a Caminreal y la rambla Molinillo a la que los lugareños llaman río Villalba.
A pesar del aspecto inhóspito y poco cuidado del lugar, con  hierbajos y basuras, es evidente que las marcas y restos que se aprecian, delatan ese pedregoso punto como lugar de alumbramiento de multitud de ruejos, y al parecer de muy buena calidad según relata el Diccionario Madoz.
Nada sabían al respecto los fuentesclarinos con los que he tenido oportunidad de comentar, siendo para ellos toda una sorpresa este curioso descubrimiento. Solamente me he topado con Plácido Pérez que es un buen conocedor del término, y me decía haber oído a los viejos del lugar mentar el tema de referencia. Con Placido fui a otra zona llamada la Peideriza, donde al parecer también se extraían molares a la vez de pilas para bebederos de animales y rulos para las eras de trillar.
Hace unos años la Institución Comarcal inició una plausible iniciativa con actuaciones puntuales y otras mas especificas como la recuperación de lavaderos y peirones, hasta que posiblemente por causa de la crisis se pararon. Y es una pena que sin ser demasiado onerosa, esté parada aquella iniciativa dando vida y voz a estas piezas de antaño y tan nuestras, por lo menos durante otros cincuenta años.
Retomar esta iniciativa de la preservación del patrimonio debe volver a la Comarca como uno de los puntos del programa común para sacarlo adelante en la legislatura que ahora comienza. Palomares, fuentes, yacimientos y hasta las típicas casetas  de cobijo en nuestros campos, entre otras cosas, deben entrar en un protocolo de actuación con cargo a la Administración cuando sean bienes públicos, o mediante acuerdos subvencionados cuando se trate de privados.
La Corporación fuentesclarina debe ir trabajándose voluntades por la “casa blanca” calamochí donde se cuecen las cosas de nuestra zona, o por el contrario recurrir a los fondos propios, para dedicar a la cantera del  cretácico, cuatro jornales en limpieza y un panel explicativo.
 
 
Voces de antaño
Autor:
Jesús Blasco
 
(Todos los derechos reservados)