La tarde de un tres de marzo de dos mil siete, las tres últimas concepcionistas que quedaban en el calamochino cenobio del Príncipe San Miguel y tras asistir a su última misa en la capilla de la Inmaculada, con sentimientos a flor de piel, vacía de público y con una atmósfera cargada de emotividad, emprendían hacia Miedes un viaje sin retorno, desandando los pasos que trescientos y pico de años antes había dado la  fundadora Apolonia de San Juan.
Casi quince años después seguimos con el convento cerrado y sin saber a qué destinarlo, a pesar de que el tiempo pasa inexorable sin que hasta el momento externalicemos preocupación por la rapidez con la que se deterioran los edificios vacíos. La escena se repite a lo largo y ancho del solar hispano donde la falta de vocaciones y el cambio de tendencia en la vida monacal nos aboca al cierre de un convento por año solo en Aragón.
En esta España cuasi federal, llegará el momento en que varias consejerías de nuestro gobierno regional, tendrán que dar muchas explicaciones por la parte que les toca, al desaprovechar la ocasión y no querer hacerse con un patrimonio monumental a precio de saldo, cargado de historia, para reconvertirlo en una valiosa red territorial multifuncional gestionada desde el Pignatelli.
Sin salirnos de la provincia de Teruel en este inesperado tsunami de edificios históricos a la venta,  los hay que esperan y desesperan, otros con más suerte pasarán de clausura a hotel de lujo, mientras que en nuestro caso se optó por sacar músculo incorporándolo al patrimonio municipal, para darle una segunda oportunidad y dotarlo de una nueva vida con algo diferente entre sus muros.
La Fundación San Roque, filium minor del ayuntamiento calamochino, acaba de presentar en el registro municipal un elaborado dossier con la Propuesta de Uso para el convento, en cuyos primeros puntos se solicita la presencia de un equipo de arquitectos para la auscultación sobre el estado de salud del edificio, la canalización de la acequia de las monjas en el trozo del frontispicio para evitar humedades y la remodelación y ordenación vial de la plaza de Santa Beatriz.
En lo tocante a los usos del edificio, hay coincidencia con los resultados de una encuesta llevada a cabo hace siete años por nuestra TV Local donde la ciudadanía y en porcentaje superior al setenta por ciento se decantaba por Hospedería y Espacio Cultural, ambas cosas se contemplan en la propuesta y los espacios quedan perfectamente independizados, incluso con entradas diferentes, accediendo al Centro de Interpretación o zona cultural situado en la planta baja, por la puerta principal, y, a la Hospedería que ocuparía todo el primer piso, con acceso  por las puertas orientadas al Puente Romano.
Tiene la Hospedería una capacidad en torno a las cien plazas, y en ella se contemplan hasta tres tipos de oferta diferentes, mientras que el Centro de Interpretación, con vida separada, y clientela distinta a la de hospedados, se configura como una propuesta cultural articulada en torno al patio central, en cuyo derredor giran cuatro espacios  divulgativos de nuestro pueblo, dedicados a Fiestas y Tradiciones; Cordobanes y Escultopinturas de Lapayés; Arte Sacro y  Aula del Frío donde se prevé un ambiente frigorífico con temperatura de menos treinta grados para hacer sentir al visitante una experiencia inolvidable.
La Huerta, a la que se podrá acceder a través de unas puertas-verja en la pared de la Plaza, será un espacio verde plurifuncional, utilizable para eventos al aire libre, además de potente revalorizador de este espectacular enclave, de enorme potencial cultural y turístico que per se tiene el propio edificio, construido con ausencia de ladrillos, hierros y hormigones, siendo absolutamente respetuoso con el medio ambiente a base de algo tan natural y sostenible como la madera y la técnica ancestral del tapial, prototipo de los aislamientos acústicos y térmicos tan valorados en nuestros días.
Ya contempla el presupuesto municipal una importante partida para poner en marcha el proyecto de uso; falta pasar el filtro de la corporación, y un atar en corto al arquitecto director, cuando proceda, para que las intervenciones sean respetuosas con el edificio, preservando la personalidad y encanto que siempre ha tenido.
 
 
Una nueva vida
Autor:
Jesús Blasco
 
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