Sorpresa de las gordas nos deparó el último Sanroquico con la vuelta de un histórico dichero, el último de una saga memorable, al que vimos levantar el palitroque tras muchos años de ausencia.  
En cuanto cesó la música ocurrió lo de antaño, se hizo un respetuoso  silencio  para escuchar al maestro de dicheros, que tiene en su haber el don de la dicción y la gracia de dirigirse al patrón san Roque de una manera sublime.
Por momentos y mientras escuchaba, me sentí transportado en un “remember” a otras décadas cuando los dichos se recitaban de memoria siendo los más recurrentes, repetidos año tras año. En nuestros días esto de soltarlos de memoria no se da, los dichos son cada año nuevos, únicos e irrepetibles.
El Baile ganaría mucho con los dichos memorizados, que podría lograrse con un plantel de unos veinticinco dicheros a un par de dichos por cabeza. También se echa en falta la nula implicación de los estamentos locales en la formación de dicheros, muchos de los cuales son buenos pero se quedan a un paso de rematarlos sin darles la redondez debida.
Sinceramente con el potencial de gente académicamente formada que hoy tiene Calamocha, a poco que lo intentáramos nos saldríamos del mapa. Los dichos son al baile como la sal y la pimienta y ambos fenómenos bien complementados nos colocan como potente candidato para el reconocimiento de Patrimonio Inmaterial.
Pero para pisar podio tenemos que pulir un montón de cosas, la vanidad y la falta de pudor son una mezcla corrosiva que hace mucho daño y que año tras año se repite. Todos deberíamos ser muy conscientes de  nuestras propias limitaciones, no todo el mundo vale para hacer y decir dichos, como tampoco lo es para futbolista, ni para soprano, ni para albañil.
No sé qué es peor, si detener toda una multitudinaria procesión para que te vean, o carecer del más mínimo sentido de la vergüenza y aparecer ante el Patrón soltando un dicho plagado de insensateces y vacío de contenido muy propio de quien busca otra cosa o todavía no se ha enterado que mayoritariamente los dicheros en sus intervenciones, lo hacen en tercera persona y hablan por boca del pueblo.
Por eso ocurre, que según quien coge el palitroque, todo se desbarata en un rompan filas, dedicándose el respetable a todo menos a  escuchar. Sinceramente si fueran conscientes del daño que le están haciendo al baile lo tendrían más en cuenta. Y ¿cómo se corrige? pues simplemente echando más cariño al guiso y estando más horas en la  cocina, porque las estrellas Michelín no caen del cielo hay que pensarlas, meditarlas, saborearlas, preparalas y los dichos lo mismo.
Camino de la Ermita, estuvimos a punto de ser -trending topic- en twuitter, y todo a causa de un comentario de alguien presente en la procesión, que escuchó un dicho politiquero en el que se mezclaban arroces de diferentes marcas, dando lugar a una tormenta de comentarios que nos ha dejado la foto un poco movida y no precisamente para enmarcar.
Y lejos de experimentar con nuevas estrofas y novedades de complicada musicalidad como los serventesios escuchados este año por la calle Mayor, sería bueno usar con moderación el dicho-esquela, porque amén de producir un agravio comparativo, llevan camino de convertirse en un clásico, con riesgo de que hasta se cambie el nombre de la procesión como ha pasado con Santa Marta de Ribarteme.
El 30 de mayo de 2012 nuestro centenario Baile de san Roque fue reconocido como Fiesta de Interés Turístico en Aragón, y por ende patrimonio de todos los aragoneses, implicándonos a los calamochinos a preservarlo con renovado celo y llevarlo hasta cotas de excelencia.
 
 
 
Deriva dichera
Autor:
Jesús Blasco
 
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