Sí que nos hemos sentido un poco identificados con lo que dice la canción de “nos han dejao solos a los de Tudela”;  a causa del efecto llamada que nuevamente han prodigado las fiestas del Pilar declaradas este año de Interés Turístico Internacional.
Deambular por las calles calamochinas casi era como un día de Cerro y sin problemas de aparcamiento. Los que aquí quedamos de retén guardando el pueblo, pudimos disfrutar de unos días espléndidos rozando los treinta grados, que aprovechamos para acompañar a la Guardia Civil en su 175 aniversario, además de una visita a la plaza del Pilar, donde a pleno pulmón cantamos el himno a la Patrona para a renglón seguido ser obsequiados a tutiplen con pastas y moscatel por los del barrio.
También es verdad que hemos estado perfectamente informados de todo cuanto ha pasado en Zaragoza gracias a Televisión Aragón que puede estar orgullosa de los magníficos reportajes emitidos y que nos ha tenido con la nariz pegada al televisor.
En ese gran esfuerzo logístico y documental se hace materialmente imposible salpimentar los comentarios de curiosidades localistas que hasta son desconocidas por una mayoría de los directamente implicados. Tal es nuestro caso al encontrarnos en el ajuar de los mas de seiscientos mantos de la Virgen, dos confeccionados en Calamocha por las Religiosas Concepcionistas, y uno de ellos de gran relevancia por la institución a la que representa.
De la misma manera en el Rosario de Cristal existen dos faroles monumentales con los que guardamos cierta relación. Por un lado la Venida de la Virgen, que es uno de los dos que participan y que son de madera en vez de cristal, tallado por el escultor valenciano Francisco de Borja y san Juan, el mismo escultor que en 1904 compuso el retablo mayor y restauró nuestra venerada talla del Santo Cristo del Arrabal tras sufrir un incendio. El otro farol es el referido a la Basílica del Pilar compuesto y sufragado por el abogado zaragozano Policarpo Valero de Bernabé, hijo del calamochino Vicente Simón Valero de Bernabé Ardí-Arbues, nacido en Calamocha en 1793.
Personalmente he disfrutado viendo la representación calamochina con sencillez y como unos más acercándose a la Virgen a tejer el manto mas preciado de cuantos posee, al igual que hicieron otros pueblos de nuestro municipio y que nunca faltan a esta cita, como son Luco que por sorteo fue el mas madrugador,  El Poyo, Lechago, Navarrete y Cuencabuena.
El siempre recordado D. Antonio Beltrán, cada vez que venia por Calamocha y nos hablaba de etnografía y cultura popular, nos advertía del peligro de sacar las tradiciones de contexto y de lugar, porque a veces corremos el riesgo de toparnos con el efecto bumerán y con un resultado muy diferente al perseguido.
Mi menda no puede estar más de acuerdo con el ilustre profesor, y desde el cariño y respeto que prodigo al patrimonio inmaterial que aquí tenemos, reconocido FITA y sin parangón en ningún pueblo de España, tambien recomiendo que cuando excepcionalmente tenga que salir de la localidad, que no por eso ha de ser todos los años, se haga con el mayor de los respetos y aplicando todas las garantías porque en estos casi cuarenta años participando, no siempre ha sido así.  
En la presente ocasión pese al olvido del estandarte municipal en el tinte, la representación calamochina ha sido la deseada, provocando satisfacción en quien participa y en quien la observa; o entre los representantes y los representados. Complace juntarse con tantos municipios aragoneses disfrutando del fenómeno pilarista que por motivos de fe o de identidad nos une a todos por igual de una manera tan firme y solida como una columna, muy por encima de cualquier ideología.
El broche de oro a tantas emociones lo han protagonizado con pedida de mano la pareja calamochina formada por Miguel y Cristina que en plena ofrenda floral y con la Pilarica por testigo se han declarado su amor en ese lugar sagrado donde como dice la jota, juran los aragoneses cuando quieren de verdad. Felicidades a todos los participantes y enhorabuena.
 
 
Ecos pilaristas
Autor:
Jesús Blasco
 
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